Comprar vivienda sigue siendo una de las decisiones financieras más importantes en la vida de cualquier persona o familia, y 2026 no es la excepción. El panorama actual combina señales alentadoras —después de un ciclo de ajustes económicos entre 2023 y 2025, el sector ha entrado en lo que varios analistas llaman el «año de la reactivación inmobiliaria»— con condiciones de crédito que siguen exigiendo planeación: el Banco de la República mantiene la tasa de intervención en 11,25% y las hipotecas en pesos promedian el 13% E.A., mientras el programa Mi Casa Ya permanece suspendido desde diciembre de 2024.
Con ese telón de fondo, entender cada etapa del proceso es clave para evitar retrasos, sobrecostos o decisiones apresuradas. Estos son los pasos que, en términos generales, atraviesa toda compraventa de vivienda en Colombia.
Antes de salir a buscar inmuebles, es necesario revisar ingresos, gastos fijos, deudas y egresos variables para saber cuánto dinero queda disponible cada mes. Ese ejercicio determina cuánto se puede destinar a la cuota inicial, que en Colombia suele representar entre el 20% y el 30% del valor total del inmueble. Los bancos, por su parte, financian generalmente hasta el 70% del valor de la vivienda mediante crédito hipotecario, figura en la que el comprador es dueño desde el primer día mientras la propiedad queda hipotecada como garantía.
Vale la pena revisar también los subsidios disponibles: las cajas de compensación familiar (Cafam, Colsubsidio, Compensar, entre otras) apoyan a trabajadores con ingresos inferiores a 4 SMMLV con subsidios para la cuota inicial de vivienda VIS, y varias entidades territoriales —como la Gobernación de Antioquia con su programa VIVA Mi Casa Nueva— mantienen convocatorias activas en 2026.
Ya sea vivienda nueva (sobre planos, en pronta entrega o de entrega inmediata) o usada, esta etapa implica comparar ubicación, amenidades, tipo de entrega y, si se trata de un proyecto nuevo, la trayectoria y solidez financiera de la constructora.
Es el contrato mediante el cual comprador y vendedor se comprometen a formalizar la negociación en un plazo determinado, dejando por escrito precio, condiciones y fecha de escrituración.
Antes de avanzar, es indispensable confirmar que el inmueble esté libre de gravámenes, embargos o afectaciones. La trazabilidad jurídica de una propiedad se construye a partir de registros oficiales —no solo de lo que declara el vendedor— por lo que este paso es la principal capa de seguridad de toda la transacción.
Con la promesa firmada, se formaliza la solicitud de crédito ante el banco. Un error frecuente y costoso es separar un inmueble sin haber consultado antes al banco, lo que puede implicar perder entre $1 y $5 millones en cuota de separación si finalmente el crédito no se aprueba.
Superada la promesa, el proceso avanza hacia la formalización legal: aquí intervienen el banco (si hay crédito hipotecario), la notaría y la oficina de registro. En la notaría se firma la escritura pública, que además de transferir la propiedad puede incluir la constitución de la hipoteca y la afectación a vivienda familiar. Los gastos notariales y de registro —regulados por la Ley 1395 de 2010— pueden representar entre el 2% y el 4% del valor de la propiedad, un costo que conviene presupuestar desde el inicio.
La escritura firmada debe inscribirse ante esta entidad; solo así el comprador queda reconocido legalmente como el nuevo propietario del inmueble.
El proceso cierra con el acta de entrega, que certifica el traspaso físico de la propiedad, y con la verificación de que los servicios públicos estén al día.
El tiempo varía según el perfil financiero del comprador, la etapa del proyecto elegido y los tiempos de aprobación del crédito. En Colombia, el proceso puede tomar desde algunos meses hasta más de un año cuando se trata de compra sobre planos. De hecho, un proceso tradicional de compra en el país suele tomar entre 14 y 16 meses y pasar por 35 pasos distintos, coordinados casi siempre por el propio comprador.
Cada una de las etapas anteriores existe por una razón: proteger al comprador de sorpresas legales, financieras o técnicas que pueden aparecer después de firmar. El problema es que, en el proceso tradicional, es el comprador quien termina cargando con la tarea de verificar que cada paso —y cada persona involucrada— haya hecho bien su trabajo.
En New Home simplificamos esto certificando la transacción completa antes de que llegues a firmar: no solo el inmueble, sino su situación jurídica, financiera, técnica y bancaria, documentada con evidencia y no con promesas. Así, en lugar de tener que verificar tú mismo cada uno de esos 35 pasos, llegas a la notaría con la tranquilidad de que ya se revisó todo lo que puede salir mal.
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